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TIERRA DE BABEL Jorge Arturo Rodríguez

Dios, enfermo; la sociedad, un desastre

 

Aperitivo: A propósito del maloliente (por doliente, más que nada) del “fuchi, caca”, mi admirable @MerlinaAcevedo, escribió el siguiente poema palíndromo:

Aca caía caca.

¿Ser es amor?

A macanear te traen acá.

¡Maromas eres!

Acá caia caca.

 

Vivimos un mundo raro, deshumanizado, por donde quieran que lo vean; claro que aún hay esperanzas –así, en plural-, pero se están extinguiendo. Apenas si nos acordamos de la existencia de “los otros”. Dice la canción de José Alfredo Jiménez:

 

Cuando te hablen de amor
Y de ilusiones,
Y te ofrezcan un sol
Y un cielo entero.

 

Si te acuerdas de mí,
No me menciones;
Porque vas a sentir
Amor del bueno.

 

Y si quieren saber
De tu pasado
Es preciso decir
Una mentira:

 

Di que vienes de allá,
De un mundo raro,
Que no sabes llorar,
Que no entiendes de amor,
Y que nunca has amado.

 

Desde luego que son momentos de llorar, de no entender el amor y parece que nunca hemos amado. Ya sabemos, lo único seguro es la inseguridad, la corrupción, la impunidad y etc. El descrédito y la mentira. Ahí va también la indiferencia, como manto negro en el cielo que amenaza tormenta, si no es que ya nos estamos ahogando de tanta ineptitud, falsedades y simplicidades. La vida sigue igual o peor que ayer: violencia, desquiciamiento, valemadrismo y un sinfín de pendejadas que nos atarantan porque en el olvido quedaron la reflexión, el entendimiento, la creación de un mundo nuevo donde vivamos como en el paraíso, el Edén… ¿A poco?

A lo que voy. Miedo y enfermedad van parejo, o son hermanitos o, mínimo, parientes. César Vallejo decía que nació un día en que Dios estuvo enfermo. Y Emil Cioran sentenciaba que la sociedad no es una enfermedad, sino un desastre, “es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella”. ¡Gulp!

Ahora resulta que de todo nos enfermamos, hasta de no estar enfermos. Con eso del coronavirus o covid-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) usó recientemente el término “infodemia” para referirse a toda la información falsa que ya circula y que solo desinforma y crea paranoia en la población. (sinembargo.mx, 12-02-19). Bueno, de cierto les digo que eso de la “infodemia” va pa’ todos los temas, situaciones y malabarismos mentales.

El coordinador del Programa Universitario de Investigación en salud de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), doctor Samuel Ponce de León, expresó que “estamos viviendo una epidemia de infecciones por virus, una epidemia de miedo y una epidemia de información de desinformación”. Ahí ‘ta, miedo, enfermedad, y de pilón, información de desinformación. Aquí y en China, cual realidad, dicho y ficción. Pos, ¿quién cree en las mañaneras? Salvo con “Manuela”, o con su pareja, sea del género, sexo o preferencia que sea, es decir, les pueden gustar el azul, el verde, el negro y hasta tutifruti.

En la encuesta-investigación de parametria.com.mx, “¿Cómo reaccionamos ante una epidemia?”, leo: “En la circunstancia que está el país, por el problema de suministro de medicinas o de la creación de nuevas instituciones (Insabi), que en principio reemplazan a otras ya establecidas (Seguro Popular) se pensaría que la población estaría más preocupada. Sin embargo, al revisar las percepciones de la población en el tiempo se concluye que en realidad ástas no cambian mucho.

“Es decir, nuestros temores ante una crisis de salud pública, más allá de las circunstancias, se mantienen constantes a lo largo del tiempo.

“A lo largo de 10 años no parecen cambiar de manera sustancial. Esto podría explicarse por la información a la que tenemos acceso o por una predisposición que tenemos ante los temas de salud. Lo cierto es que ante una epidemia o pandemia nuestra información es limitada y el nivel de gravedad nos es desconocido. Por definición estos fenómenos tienen un alto nivel de incertidumbre. Por ello no nos debe de sorprender que nuestra reacción sea similar a lo largo del tiempo”.

Ahí ‘ta, de nuevo la ignorancia, el desconocimiento, el abuso de quienes ostentan las manos que mueven las cunas de México y del mundo, por no hablar de nuestro Veracruz jarocho y apendejado –alvaradeño, pues.

Cuando al pensador científico Eduardo Punset se le pregunto qué era para él la felicidad, respondió que a veces la ciencia y la poesía se rozan de un modo casi perfecto, “la felicidad es la ausencia de miedo, igual que la belleza es la ausencia de dolor”. Tons, México ¿es infeliz? O simplemente estamos enfermos.

Porque si de eso se trata, recuerdo que Arnoldo Kraus, en su artículo “Desmedicalizar la vida”, propuso las siguientes ideas:

  1. Empoderar a las personas debería ser obligación médica.
  2. Al empoderarlas, muchos encontrarán los mecanismos para promover su salud: dieta, ejercicio, alimentación.
  3. Explicarles a los enfermos sus problemas disminuiría el número de visitas médicas, lo que redundará en menos exámenes inadecuados y menos prescripciones.
  4. Al empoderarlos irán menos a consulta y por extensión evitarán que el primer galeno comparta, en ocasiones sin razón, el caso con otro colega, y después con uno más y después…
  5. Informar a los enfermos y explicar la naturaleza normal de algunos fenómenos propios de la edad —cansancio, disminución de la masa muscular, decremento de la masa ósea— aleja a las personas de remedios y conductas antiéticas.
  6. Proveer información para evitar que las personas busquen sus molestias en la red y sean (auto) víctimas de la “enfermedad Internet”, i. e., buscar signos y síntomas con el fin de diagnosticarse. Cuando se leen enfermedades en internet, se interpreta mal, se lee información errónea y se enferma sin estar enfermo.
  7. Los pacientes deben entender que las compañías farmacéuticas tienen un interés enorme en medicalizar todo lo que sea dable medicalizar.
  8. Amartya Sen, premio nobel de economía, sostiene, con razón: “entre más gasta la sociedad en cuidar la salud, aumentan las posibilidades de que las personas se sientan enfermas”, es decir, entre más poder tenga el combo formado por médicos, farmacéuticas y compañías tecnológicas, más enfermedades y mayores ganancias.
  9. Los avances en genética y sus hallazgos podrán, en el futuro, etiquetar a (casi) todas las personas como posibles enfermas. La información genética y su relación con enfermedades debe leerse con cuidado.
  10. En los países ricos, donde los sistemas de salud gubernamental no son adecuados, todos somos sujetos de ser medicalizados. En naciones donde el gobierno protege la salud de los suyos, i. e., Finlandia, Noruega, la medicalización es infrecuente.

No existe la palabra desmedicalizar. Es necesario crearla. Propongo: Desmedicalizar: “Acción encaminada a restar poder a médicos, compañías tecnológicas y farmacéuticas cuyo fin es promover la medicalización de la vida para generar ganancias económicas”. (nexos.com.mx, enero-2020).

 

Vida nada te debo… Voltaire dijo que el arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras la naturaleza cura la enfermedad. Y Molière señaló que los médicos no son para eso; su misión es recetar y cobrar; el curarse o no es cuenta del enfermo. Ah, pero el mismo Voltaire expresó que la idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.

¡Salud!

 

Los días y los temas

 

De mi estimado Magno Garcimarrero, del libro Paisajes íntimos:

 

QUE HERIDA PATRIA

 

“¿Qué te alegra este mes?

Que herida Patria

¿Qué te alegra?

¿Qué celebras en medio de la pena?

de tus hijos que doblan la faena

para alzar el mendrugo que no sacia”.

 

Se aplica pa’ todo el año…

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