Los retos de la reelección de Trump y lo que puede pasar en México

Jorge Miguel Ramírez Pérez


Es muy difícil predecir los acontecimientos geopolíticos de los que no tenemos información directa como hacen los amanuenses, ellos más que predecir en el sentido de diagnosticar los posibles hechos del poder, reciben de éste, datos y algunos de los cálculos de lo que se esperaría con esa información lograr: ya sea una modificación en la actuación de los adversarios, una ventana de oportunidad para una negociación o advertir de las consecuencias que se van a presentar inexorablemente, a menos que algo extraordinario suceda.

Y es el caso que nos ocupa hoy: otear en el horizonte, lo que sucede simultáneamente, que puede o hace coincidente, determinadas acciones que necesariamente tienen un fin y no son meras respuestas inconexas de acontecimientos.

Por eso la hipótesis plantea la existencia de una agenda política de parte de Donald Trump para reelegirse con otro periodo en la Casa Blanca. Y esa agenda existe, opera y está vigente desde hace semanas y por lo mismo, no está desvinculada con el quehacer político nacional o internacional del Presidente de los Estados Unidos de América.

Esta agenda además, es algo ineludible, es una necesidad política para Trump, no una mera opción de poder. Las circunstancias se le presentan adversas, hasta dos dígitos le separan de su hipotético rival, un anodino Joe Biden, que se ha encaramado mas que por sus aciertos, que se desconocen; por las  decisiones de  Trump de enfrentar bloques de poder, que junto con la pandemia, como respuesta de China, se  han vuelto un dolor de cabeza, pero también un reto digno del maestro del “aprendiz” que siempre tiene en mente.

Geopolíticamente Trump inauguró un orden distinto, volcando las prioridades al ubicar como amenaza número uno a China, el país manejado por una aristocracia dictatorial comunista que para el 2025, si no los detiene, rebasarían a Estados Unidos en el peso de su PIB. Una apuesta de la que ha requerido una tregua con Rusia, el rival por antonomasia, que pide que le devuelvan sus controles territoriales del imperio zarista, los mismos que fueron de la Unión soviética. En ese juego Ucrania, sería aparentemente devuelta a Rusia y los Biden perderían no solo un aliado, sino la fuente de negocios por la que relanzarían la rivalidad de EUA con Putin, a quien inconviene el regreso de los Clinton o de los Bush.

Pero además está presente la confrontación con los operadores internacionales de la Hillary, como George Soros que son los que financian las protestas violentas de feministas, en contra de la policía y a favor de supuestos derechos humanos que disfrazan intereses trasnacionales, y controlan drogas y trata de personas mundialmente. No le van a perdonar que el neoyorkino les haya quitado sus subsidios.

Los narcopolíticos del foro de Sao Paulo, tratarían de retomar posiciones. Y la Merkel y Macron, hoy por hoy con fuertes rechazos de parte de muchos miembros de la Unión Europea, que se suman cada semana, tendrían que seguir omisos a los terroristas islámicos que albergan por temor.

Irán, Palestina, el Yemen y Corea del Norte regresarían al status que tuvieron con Obama. Con Biden consolidaría sus compromisos con los “hermanos musulmanes” y paquistaníes radicales, es decir con los yihadistas. Un escenario hoy disminuido, por la operación contra el pretendido califato del deshumanizado Estado Islámico y contra la confederación chiíta que sucumbió cuando fue borrado del mapa, su líder en el aeropuerto de Bagdad.

Solo al mencionar algunos de sus antagonistas revela que Trump, va hacer lo que sea para salir adelante y sacar la votación que le permita consolidar este nuevo orden…

Y necesita Trump el voto de estados poderosos electoralmente, recuperar Florida, por ejemplo; que una eventual caída de Maduro se lo devolvería. O satisfacer a los mexicanoamericanos quienes coinciden que México, es víctima únicamente de la corrupción gubernamental, de la que esperaban que López Obrador fuera el verdugo, que resultó vano. Nadie hay de buen nivel en un proceso de justicia ejemplar. Los chicanos quieren que Trump fuerce a López, a enjuiciar y a encarcelar a Peña y al menos una treintena de políticos afamados por nefastos. Conservaría Texas y parte de California, tal vez Nuevo México, si lo hacen bien.

Para afianzarse con el deep south y la mayoría moral, así como parte de California y de New York; le urge al republicano una espectacular batida interna y una más notable, en el exterior contra los negociantes de fentanilo, le ayudaría como nunca. Por eso tal vez las huestes militarizadas de los ejércitos clandestinos del narco, amenazan con defenderse. Es probable, que la política de abrazos se quede en el aire.

Y eso, acordado o no, puede suceder.

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